Yo

Vas dando tumbos de manera errática sobre la cuerda floja de una pluma en desuso. Has mirado hacia abajo, sabiendo que no deberías haberlo hecho, y has visto el rostro aterrador de la nada.

Crees tener una meta pero en ningún momento te has detenido a mirar dónde está atado el extremo opuesto del cable por el que crees caminar.

Porque la verdad es que estás quieto, hablándole al viento que mece la cuerda de lado; a un águila que planea a tu alrededor mirándote con ojos incrédulos; al eco, el único que quiere oírte (pues esa es la razón de su existencia); a ti mismo, el gran teorizador que no necesita orejas (pues todo lo que tiene que oír lo escucha directamente desde su interior).

Sabes perfectamente que la esencia está debajo de toda la parafernalia de ropajes, armaduras y pesados tomos teorizantes. Sabes que cuanto más pretendes explicar la realidad, más te alejas de ella. Sabes que cada palabra de más es una nueva lápida sobre todas y cada una de las lápidas de su sepultura. Y sabes, también, que una vez sepultada es muy difícil, por no decir imposible, llegar de nuevo a ella. A no ser, quizá, que te conviertas en espíritu (o, para el caso, en gusano) y penetres la tierra ágilmente hasta llegar a ella. Sabes que para eso hay que morir. O matar.

Matar a todos los yos que te anulan y te envenenan lentamente. A los que amordazan con su mano esa boca interior que lleva tanto tiempo enmudecida. A los que te instalaron cajas registradoras, hipotecas, bonos, propiedades y libros de contabilidad. A los que te repiten a diario, insistentemente, la palabra resignación. A los que te dicen que ya no tienes edad para eso.

Lo sabes. Sabes que para ello debes matar. Pero te atenaza el miedo. Y no es el miedo a que se rompa esa línea recta que a duras penas te sostiene. No es el miedo al ataque de esa águila curiosa. No es el miedo a que el eco te devuelva palabras que no quieres oír. Ni siquiera es el miedo a que tras la bruma se revele, como verdad incontestable, que el cable que te mece no está fijado a ningún sitio.

No. Lo que te aterroriza, en realidad, es que a base de matar yos, al final te des cuenta de que no queda dentro de ti ningún yo que valga la pena.

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One thought on “Yo

  1. Hermosa sepultura la que ha dejado arriba. Hermosa, admirable y lúcida, tanto que dudo que haya contribuido aún más a alejar a sus lectores de la realidad. Más bien lo contrario. Un cordial saludo.

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